sábado, 22 de marzo de 2008

Pensando en la soledad de lo remoto

Me fui, hace 12 días ya, de la ciudad de la furia. Estoy en Bogotá, trabajando, y pensando.

Porque cuando uno esta sumido en su meseta de rutina, uno no piensa mas que en lo que ve, en lo que le pasa. Pero acá lejos, de la casa, la familia, los amigos, y sobre todo, de la rutina, cuando te encontrás solo, cuando te miras el espejo y te decís, "y entonces?" uno se ve a si mismo muy distinto, descubierto si se puede pensar, vulnerable, lejos de todo lo que nos hace sentir cómodos y consentidos.

Pero con el tiempo uno reacciona en forma instintiva, por naturaleza uno no se encierra a comer soledad, empezamos a socializar, empezamos a tender nuevos lazos de amistad con gente nueva, y esa es la parte interesante... de pronto en la vida conocer gente nueva que pertenece a otro ámbito totalmente distinto.

El clima por acá es particularmente frío, lo cual ameniza mas las reuniones (generalmente, algún bar calefaccionado, o la casa de algún voluntario en rondas de cerveza y póker), pero estar en semana santa inmerso en esta ciudad tampoco resulta una gran idea. La ciudad, al contrario de lo que se ve a diario, quedo absolutamente desierta. Esas calles que todos los días son un trancon de al menos 5 kilómetros, hoy ven pasar un carro cada 20 minutos... todos los negocios, bares y restaurantes han cerrado sus puertas a los desolados visitantes de la ciudad que no pudimos huir, principalmente porque el dólar bajo muchísimo, y tenemos una movilidad limitada.

Quedo entonces de nuevo a mi merced, en mi departamento, estas cuatro paredes que no me dicen nada, de nuevo pensando. Me doy cuenta que casi todo en la vida tiene que ver con las elecciones que tomamos, uno siempre puede elegir ante cualquier situación, como responder, que hacer, como resolverlo, o evitarlo, pero siempre es un problema de elección, de las opciones que uno maneja, y como decide entre ellas. Alguna vez escuche, que lo difícil no es hacer lo correcto, sino, saber que es lo correcto.